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Mostrando las entradas de octubre, 2022

La maleta sobre la silla

La maleta de Matías estaba sobre su silla. Ocupaba casi todo el espaldar, sostenida por sus dos tiras, como si aquel puesto le perteneciera. Matías, mientras tanto, estaba lejos de ella. Al verla allí, sola sobre la silla, recordé el primer día de clases, cuando Matías parecía no poder imaginar ninguna distancia entre su cuerpo y aquella maleta. Era su primer día de clases y Matías llevaba la maleta pegada a la espalda. Entró con ella al salón, caminó con ella entre las mesas y se sentó sin quitársela. Incluso sobre la silla, la maleta permaneció entre su espalda y el espaldar. Durante la mañana empecé a notar un pequeño movimiento. Cada vez que algo nuevo parecía inquietarlo, Matías llevaba las manos hacia las tiras de la maleta y las apretaba. La maleta había llegado con él desde casa. Adentro estaban sus cosas: objetos elegidos y guardados antes de llegar al colegio, cosas que ya conocía en medio de un lugar donde casi todo era nuevo. Durante toda la mañana permaneció sobre su espal...

Detrás de la columna

Todo empezó con un grito que convocó algunas miradas. Luego, un movimiento rápido: unos rizos negros desaparecieron detrás de una columna de concreto. Allí, en la sombra, quedó un llanto solitario y ruidoso. Era la hora del recreo. Desde donde estaba alcancé a observar una riña entre Isabella y sus compañeros. Después de la discusión, corrió a esconderse. No era la primera vez que sucedía. Los niños, acostumbrados a verla llorar, continuaron inmersos en sus juegos mientras ella permanecía detrás de aquel delgado muro. Después de un momento, sus ojos empezaron a buscar entre las personas que estaban alrededor hasta encontrarse con los míos. Salió de detrás de la columna y caminó hacia mí con los hombros caídos y la cara inclinada. Suspiraba profundamente, haciendo un esfuerzo por contener el llanto. Se quedó de pie frente a mí, esperando a que viera su cara inundada de lágrimas. —No me gustan los niños de este colegio. No me gusta este colegio. Extraño Venezuela y extraño a Antonella, m...