La maleta de Matías estaba sobre su silla. Ocupaba casi todo el espaldar, sostenida por sus dos tiras, como si aquel puesto le perteneciera. Matías, mientras tanto, estaba lejos de ella. Al verla allí, sola sobre la silla, recordé el primer día de clases, cuando Matías parecía no poder imaginar ninguna distancia entre su cuerpo y aquella maleta. Era su primer día de clases y Matías llevaba la maleta pegada a la espalda. Entró con ella al salón, caminó con ella entre las mesas y se sentó sin quitársela. Incluso sobre la silla, la maleta permaneció entre su espalda y el espaldar. Durante la mañana empecé a notar un pequeño movimiento. Cada vez que algo nuevo parecía inquietarlo, Matías llevaba las manos hacia las tiras de la maleta y las apretaba. La maleta había llegado con él desde casa. Adentro estaban sus cosas: objetos elegidos y guardados antes de llegar al colegio, cosas que ya conocía en medio de un lugar donde casi todo era nuevo. Durante toda la mañana permaneció sobre su espal...
Este blog busca atrapar en palabras aquellos fragmentos de la realidad que suelen escurrirse por las rendijas de la rutina