Se aproximaba la hora de la salida, en la rendija de la puerta principal del colegio se asomaban zapatos de adultos.
La clase había terminado y, si bien la escuela es un lugar de tiempos diversos en donde cada niño y niña produce una temporalidad singular que emerge como efecto del encuentro con el aprendizaje, también están las rutinas para producir temporalidades colectivas. En la clase habíamos trabajado con témperas por lo que había dedos, manos, brazos o incluso rostros llenos de pintura. En un acto de autonomía cada niño y niña que iba terminando su actividad se dirigía al baño para lavarse y regresar a consumir su refrigerio. Juliana fue una de las primeras en salir a lavarse las manos y aunque suele ser meticulosa y tomarse su propio tiempo para la realización de sus cosas, su tardanza me generaba cierta extrañeza. Mientras los demás estaban consumiendo el refrigerio, me acerqué al baño para averiguar qué sucedía con ella. Fue entonces, cuando la ví de pie frente al lavamanos concentradísima en frotar uno de sus brazos. Me acerqué para preguntarle si había sucedido algo y ella, con un po...

Que bello escrito... Me llevó a mi realidad. También los niños ya reconocen los zapatos de sus familiares por debajo de la puerta del colegio.
ResponderBorrarMe encanta RELATOS DE JARDÍN 😉
También me ha pasado esto,las familias son todas tan diferentres
ResponderBorrarLas realidades que tenemos en la escuela
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