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También las abuelitas

Se aproximaba la hora de la salida, en la rendija de la puerta principal del colegio se asomaban zapatos de adultos. Los niños y niñas ya conocían esta rutina y estaban aquellos que organizaban sus cosas rápidamente como queriendo apresurar un encuentro y estaban también, los que se resistían a abandonar el colegio y se esforzaban por encontrar maneras de enredarse con la chaqueta del uniforme, guardar con parsimonia sus objetos o dar vueltas con su cuerpo intentando ponerse la maleta. Entre más cerca del momento de la salida el tiempo parece reducirse.  Fue entonces cuando les indiqué al grupo de niños y niñas que estaban conmigo que ya era la hora de alistarse y dije: Vamos a alistarnos porque ya están llegando los papás. En ese momento Ángel se acercó corriendo y con su mirada abierta y asustada, su cara llena de angustia y su voz temblorosa me dice: “es que yo no tengo papá”. Me lo decía como preocupado de que yo lo fuera a entregar a alguien que él no conocía. Un abismo entre las palabras se abrió ante mí, había hecho una categoría -tan- única en la que Ángel no se sentía incluido y entonces tranquilamente le dije: “están llegando también las abuelitas”. Observé la sonora exhalación de alivio y la forma en que mis palabras tocaban su cuerpo para calmar su angustia. Me miró a los ojos mostrándome que se sentía seguro y a salvo y luego salió corriendo a ponerse su maleta.





Comentarios

  1. Que bello escrito... Me llevó a mi realidad. También los niños ya reconocen los zapatos de sus familiares por debajo de la puerta del colegio.
    Me encanta RELATOS DE JARDÍN 😉

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  2. También me ha pasado esto,las familias son todas tan diferentres

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  3. Las realidades que tenemos en la escuela

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